La historia se transmitió de generación en generación. Fueron los padres o los abuelos de los actuales habitantes de la zona los que les contaron que al costado de la vía, un hombre tenía un inmenso criadero de chivos. Nadie puede precisar en qué fecha nació ese relato, pero sirvió para que el sector sea conocido como "El Chivero".

A lo largo de unos 400 metros de las vías del ferrocarril, hacia el margen noreste, se levanta el grupo de casas, algunas muy precarias. Los vecinos cuentan que por esos mismos rieles, durante la noche, se escuchan los pasos rápidos de los arrebatadores que encuentran una vía rápida para escapar hacia otros barrios.

Los residentes de "El Chivero" tienen distintas visiones sobre el mote de "zona roja" con el que están identificados por la Policía. Unos dicen que en el barrio no hay delincuentes, pero otros reconocen que "hay un par" que se hacen de lo ajeno. Sí coinciden en dos cosas: sus vecinos de "El Sifón" son los peligrosos, y el Estado se olvidó de ellos, a pesar de estar a menos de 20 cuadras de la Casa de Gobierno.

Bronca

En Suipacha al 1.300 está ubicada la plaza "Candelaria". Es uno de los principales puntos de acceso a "El Chivero". "Da bronca que nos califiquen como zona roja, porque no es así. Nos meten en la misma bolsa que 'La Bombilla' o 'El Sifón'. Aquí nunca hubo enfrentamientos con tiros, como ocurre en otros lados", dijo Horacio, sentado en la plaza junto a su esposa y a su hijo de 18 años.

"No conozco que por acá vendan droga. Sí pasan chicos que cortan camino por las vías, y se los ve que van aspirando una bolsita. Cuando juega Atlético, pasan corriendo después de un arrebato", agregó la mujer de Horacio. En el centro de "El Chivero" está un predio donde funcionaba una cancha de fútbol. Alrededor se construyeron nuevas viviendas. Pero lo que fue el mediocampo durante los partidos que se jugaron allí se ha transformado en un descampado que alberga basura y charcos de agua. "A veces, en las corridas, tiran ahí las cosas que robaron", comentó una vecina de la zona. Miriam recibió con desconfianza la visita de LA GACETA en la puerta de su precaria casa. "Acá a los vecinos no los joden. Si uno no se mete con nadie, nadie se mete con uno. Mi marido sale a trabajar con el carro y no molestamos a nadie", contó la mujer.

"El Chivero" comienza en el "Puente de los Suspiros" y desde allí se extiende por las vías del ferrocarril hasta avenida República del Líbano. Los camiones recolectores de basura y los punteros políticos parecieron no transitar por esos rieles. "No vienen como en otras partes, que los ayudan más. Si vienen es para decir que los tenemos mal a los chicos y quieren llevárselos, en lugar de ayudarnos. Acá no hay módulos habitacionales; en el verano con las lluvias nos inundamos y nadie aparece", describió Miriam.

Sin cachivaches Marcelo y Hugo estaban sentados en el patio de una de las casas, mientras unas jóvenes hacían conos con papeles de diario y les prendían fuego "para sacarle el aire de la espalda" a uno de los chicos. "Antes no se podía andar de noche, pero ahora está iluminado. Aparte, ya se fueron los cachivaches, como les decimos acá. Esos eran los que nos traían problemas", contó Marcelo, un joven de 19 años.

El grupo apuntó contra sus vecinos de "El Sifón", la zona que está ubicada por la misma vía, pero cruzando la avenida República del Líbano, a unos 300 metros. "De allá se vienen a 'moquear' para aquí, por eso estamos marcados. Ahí no vas a poder entrar. Van a salir sin la cámara de fotos y sin las zapatillas", dijo Hugo sobre "El Sifón".

Los jóvenes mencionan que ha crecido la presencia policial en la zona durante los últimos años, aunque dudan de que eso haya sido positivo. "Antes estabas afuera fumándote un faso y no pasaba nada. Ahora te joden", ejemplificó Marcelo.

Los vecinos de "El Chivero" prefirieron no identificarse. Sólo algunos se animaron a dar su nombre de pila. En grupo, sostuvieron que la zona es segura. Por lo bajo, confesaron que es una cuestión de códigos. "Si uno no se mete con nadie, no pasa nada. Hay cosas que no se pueden hablar por que son los códigos del barrio, porque si contás, podés tener problemas", admitió una de las vecinas. Angélica es una de las residentes más antiguas del barrio. "Sólo quedamos dos familias. Los otros se sumaron después. Aquí hay que hacerse respetar para que no te avasallen. A nosotros nos conocen de años, por eso no tenemos problemas", comentó la mujer.

Por las vías de "El Chivero" circulan carros, escoberos y jóvenes con baldes y pequeños haraganes que acortan el camino para distintos lugares de Tucumán. "Ya nadie espera que esto vaya a cambiar", sentenció Hugo, otro de los vecinos.